Yoga Integral: qué es y qué puedes encontrar en una clase
Cuando escuchamos hablar de yoga, es habitual pensar en posturas, flexibilidad o incluso en personas capaces de hacer movimientos que parecen imposibles. Pero el yoga es mucho más amplio que lo que ocurre sobre una esterilla.
Entonces, ¿qué es exactamente el Yoga Integral? ¿Qué diferencia hay entre una clase de Yoga Integral y otras formas de practicar yoga? ¿Y qué podemos encontrarnos cuando entramos por primera vez en una clase?
En Amaruzen practicamos Yoga Integral, una forma de entender la práctica que busca trabajar de manera conjunta diferentes dimensiones de la persona: el cuerpo, la respiración, la mente y nuestra dimensión emocional y consciente.
Más allá de las posturas
Una de las particularidades del Yoga Integral es precisamente que no entiende el yoga únicamente como una práctica física.
El cuerpo es una de las puertas de entrada. A través de las asanas, las posturas de yoga, trabajamos la movilidad, la fuerza, el equilibrio y la flexibilidad, pero también aprendemos a relacionarnos de otra manera con nuestro propio cuerpo.
A esto se suma el pranayama, la práctica de la respiración consciente. Respirar es algo que hacemos constantemente y, sin embargo, pocas veces prestamos atención a cómo lo hacemos. En yoga aprendemos a observar y reeducar nuestra respiración, utilizando diferentes técnicas que también nos ayudan a trabajar con nuestra energía y nuestro estado interno.
La práctica continúa con la relajación, que nos permite soltar tensiones y asimilar lo que hemos trabajado, y con la meditación, que nos ofrece herramientas para entrenar la atención y favorecer el autoconocimiento.
Por eso hablamos de Yoga Integral: porque la práctica no se queda solamente en el cuerpo, sino que utiliza diferentes herramientas para acercarnos a una experiencia más completa de nosotros mismos.
¿Cómo es una clase de Yoga Integral?
Las clases tienen una duración de 90 minutos y están planteadas como una práctica progresiva. No se trata de ir acumulando técnicas sin más, sino de que cada parte prepare y dé sentido a la siguiente.
Comenzaremos con una activación, que varía en cada sesión y tiene el propósito de calentar nuestras articulaciones, calmar nuestra mente y traernos al presente. Poco a poco vamos llevando la atención al cuerpo y dejando atrás el ritmo con el que llegamos a la sala.
Después seguiremos con el Saludo al Sol y las asanas clásicas del Hatha Yoga. Las posturas están elegidas con sumo cuidado para trabajar la fuerza, la flexibilidad, el equilibrio, la alineación y el estiramiento del cuerpo. A través del movimiento, vamos despertando y movilizando el cuerpo.
La respiración ocupa también un lugar importante. A través del pranayama aprendemos a observarla y a utilizarla de manera consciente.
Después llega la relajación, un momento para dejar que el cuerpo descanse y para integrar lo experimentado.
Y finalmente encontramos la meditación: un espacio de quietud y observación en el que podemos entrenar nuestra atención y profundizar en el conocimiento de nosotros mismos.
La práctica puede incluir además momentos de reflexión y enseñanzas relacionadas con la filosofía del yoga. De esta manera, lo que sucede durante la clase no queda separado de nuestra vida cotidiana, sino que puede ofrecernos recursos para comprendernos y relacionarnos con lo que vivimos de otra manera.
¿Tengo que saber hacer yoga?
No necesitas ser flexible, conocer las posturas ni haber meditado antes. Tampoco tienes que llegar con una idea concreta de lo que buscas: la práctica se adapta al momento y al proceso de cada persona, y se va desarrollando de forma progresiva.
Quizá al principio vengas simplemente porque quieres moverte un poco más. O porque necesitas parar. O porque te llama la atención la meditación. O porque llevas tiempo sintiendo que necesitas dedicarte un espacio. Todo puede ser un buen punto de partida.
Habrá días en los que el cuerpo esté más disponible y otros en los que necesite algo diferente. Habrá momentos en los que la mente esté inquieta y otros en los que resulte más sencillo concentrarse. El yoga no consiste en conseguir que todos esos días sean iguales, sino en aprender a relacionarnos con ellos.
¿Para quién puede ser interesante el Yoga Integral?
El Yoga Integral puede ser una buena opción para personas muy diferentes.
- Puede interesarte si buscas una práctica física que te ayude a mover, fortalecer y cuidar tu cuerpo, pero quieres que esa práctica vaya más allá del ejercicio.
- También si sientes curiosidad por la respiración, la relajación o la meditación, y te gustaría descubrir estas herramientas dentro de una práctica más amplia.
- Puede ser interesante si necesitas encontrar un espacio para bajar el ritmo, escucharte y dedicarte un tiempo, o si quieres incorporar recursos que puedan acompañarte también fuera de la clase.
- Y, por supuesto, puede ser simplemente una manera de acercarte al yoga y descubrir qué ocurre cuando empiezas a practicar.
No tienes que llegar sabiendo qué buscas. A veces es precisamente la práctica la que nos ayuda a descubrirlo.
El yoga no termina cuando termina la clase
Quizá esta sea una de las partes más bonitas del Yoga Integral: entender que lo que hacemos durante esos 90 minutos puede tener continuidad fuera de la sala.
Aprender a observar el cuerpo puede ayudarnos a escucharlo en nuestra vida cotidiana. Aprender a respirar conscientemente nos ofrece una herramienta que podemos utilizar en cualquier momento. La relajación nos enseña también la importancia de parar. Y la meditación nos invita a observar nuestra experiencia con mayor claridad.
Poco a poco, la práctica deja de ser solamente ese momento de la semana en el que hacemos yoga. Empieza a convertirse en una forma de relacionarnos con nosotros mismos y con la vida.
En Amaruzen
En Amaruzen entendemos el Yoga Integral como un espacio para cuidar cuerpo, respiración, mente y emociones, pero también como una oportunidad para conocernos un poco mejor.
No buscamos que vengas a demostrar lo que eres capaz de hacer sobre una esterilla. Te invitamos a venir tal y como estás, empezar desde ahí y dejar que la práctica vaya haciendo su recorrido. Porque el yoga no consiste solamente en aprender a colocar el cuerpo de una determinada manera:
También puede ser una forma de aprender a habitarlo, escucharlo y comprendernos a través de él.
